Jesús “Chúo” Torrealba: “Soy esencialmente un servidor público”

 Jesús “Chúo” Torrealba: “Soy esencialmente un servidor público”

Ser hijo de Laureano Torrealba y Marina Rodríguez, dirigentes del Partido Comunista de Venezuela en la época de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, hizo que desde su nacimiento Chúo y sus dos hermanas experimentaran los rigores de vivir en la clandestinidad, la persecución y la pobreza. Durante los gobiernos democráticos de Rómulo Betancourt y Raúl Leoni, la situación no mejoró. A pesar de que sus padres estaban en contra de la lucha armada, la disciplina de pertenecer a una asociación política como el PCV los obligó a activarse en el movimiento guerrillero de los años ’60, lo que llevó a la familia a vivir en medio de represión y el encarcelamiento y posterior exilio del padre. Esa situación los hizo andar como nómadas por medio país, hasta que, con el proceso de pacificación, volvieron a Caracas en 1968, cuando se establecieron en Los Magallanes de Catia y luego en Caricuao.

Los barrios son asentamientos que Chúo Torrealba conoce muy bien. Cada día, desde hace 9 años, este periodista desnuda la realidad de estos lugares en su espacio radial El Radar de los barrios.En Venezuela se contabilizan 25 mil barrios y ocupan unas 170 mil hectáreas, que albergan a 16,5 millones de personas, aproximadamente 54% de la población. En la región capital hay unos 5 mil 500 y Chúo ha estado en al menos 3 mil 500.

¿Cómo nació El Radar de los barrios?

—Esto fue la respuesta a una inquietud. En 2004 se realizó el referendo revocatorio y hubo un resultado que desafavoreció a la oposición, que alegó fraude pero no presentó pruebas. En ese momento me planteé averiguar lo que había sucedido. Pasé tres meses dando vueltas por el país, sepultado en data electoral, y llegue a la conclusión de que la oposición había ganado en proporción 60/40 en las urbanizaciones, pero el presidente Hugo Chávez había logrado 80/20 en los barrios. Eso yo lo constaté. Y como estoy vinculado al activismo social pensé en diseñar un instrumento que permitiera acercarnos a esa realidad, conocerla, comprenderla, respetarla y eventualmente movilizarla. Así nació El Radar de los barrios,primero como asociación civil. Después arrancamos en RCR el 4 de julio de 2005, en un momento de extrema polarización. Luego, un buen día me llamó Alberto Federico Ravell para hacer la versión de El Radar para TV en Globovisión. Lo discutí con el equipo porque yo no estaba tan seguro, y todos acordaron que sí. “Échale pierna”, me dijeron. Y estuvo allí desde 2007 hasta 2013.

¿Cómo era la polarización en los barrios?

—Creíamos que, pese a lo que todo el mundo suponía, era menor en los sectores populares. Porque resulta que la polarización es un lujo. Te lo das cuando tienes resueltas las necesidades de subsistencia básica y entonces puedes ponerte a dicutir sobre un modelo de país, etc., pero cuando eso no está solventado, cuando estás en medio de la precariedad económica, de la inseguridad ciudadana y del déficit de servicios, lo que priva no es la polarización sino la solidaridad. Es una necesidad de supervivencia, no una virtud teologal. Nos encontramos que la polarización en los sectores populares es más tenue.

¿Cómo se logró la participación de los partidarios del gobierno en El Radar?

—Al principio, cuando les pedíamos que ofrecieran declaraciones, decían que no hablarían con nosotros “porque esa radio de donde tú vienes es golpista. Tú vas a editar lo que yo diga y vas a poner lo que tú quieras”, aseguraban. Cuando se daban cuenta de que el programa era en vivo y que ellos estaban allí, donde se emitía la señal, aceptaban participar. Pasaban los primeros 4 minutos diciendo maravillas del socialismo y del comandante, hasta que hacían una pausa para respirar y yo les preguntaba por sus problemas. Ahí se largaban a hablar de los temas de la vida real. Y descubrimos que la quincalla ideológica separa y los temas de la vida real unen. Pusimos el acento no en lo que nos separa sino en lo que nos vincula. De recelo pasó a confianza, luego a respeto y después a afecto. Por eso nuestra audiencia es diversa.

La popularidad de Nicolás Maduro sigue cayendo, según arrojan todas las encuestas. ¿Qué percibe usted en los barrios?

—El venezolano por fin está estableciendo una relación causa/efecto entre lo que ejecuta el gobierno y los resultados que él vive. Durante mucho tiempo la gente decía: no tengo comida, ni servicios ni seguridad, pero estoy esperanzado y Chávez no tiene la culpa. Hoy la relación se da entre lo que ocurre y deja de ocurrir en el aspecto económico-social y la responsabilidad de quien tiene el mando. La revolución no acabó con la pobreza, la hizo vivible. Es asombroso que los programas sociales jamás se han planteado sacar el barrio y homologarlo al área urbana. Hasta los nombres, por ejemplo Barrio Adentro, confirman esto. Ponen en el barrio el modulo asistencial, la casa de alimentación, tal o cual mecanismo que haga más ligera la miseria, pero no sacan a los pobres de allí. Quienes hoy detentan el poder están cada vez más alejados de las bases chavistas, esas que veían en Chávez a un dios y que ahora no creen en sus sucesores.

¿Cómo es un día de su vida?

—Mi jornada empieza a las 4 am. Busco la información y me preparo para iniciar Del dicho al hechoen RCR, a las 5 am. La misión del espacio, que por la hora hago desde mi casa, es leer y comentar los titulares de la prensa de Caracas y del interior del país en 21 minutos, que es la media hora de radio. Este programa se transmitió por Globovisión desde 2009 hasta 2013. Al igual que lo hizo en TV, en radio este espacio pretende despertar a la gente en más de un sentido. Que se levante de su cama, se tome un café y se entere de qué hay detrás de la oferta informativa. Es más que leer titulares, es tratar de fortalecer las capacidades del oyente para que organice la avalancha informativa. Luego hago ejercicio, llevo a los niños a la escuela, desayuno y salgo a reunirme con el equipo de producción del Radar. De allí nos vamos al lugar donde corresponda la pauta ese día. Es generalmente un barrio de la gran Caracas y excepcionalmente en el ámbito cercano: Aragua, Vargas, Miranda. Así hasta las 11 de la mañana, que termina el programa, que hago en vivo, desde la calle. Luego nos dedicamos a establecer relaciones con comunidades que están haciendo cosas, bien sea porque tienen ideas que nos presentan y decidimos apoyar o porque proponemos proyectos y ellos aceptan la asesoría. Eso termina a las 5 ó 6 de la tarde, aunque desde hace un par de meses comparto con María Alejandra Trujillo el programa Conexión 750, que comienza a las 5 pm, también en RCR, así que a más tardar a las 4 pm debo estar en camino hacia la emisora. En la noche llego a mi casa y estoy con mis morochos. Me duermo cuando a ellos les da la gana de que yo me duerma.

—Tiene mucha responsabilidad en la radio

—En relación con Conexión 750se trata de un espacio que para mí es excepcional. Hay una situación especial en el país desde el punto de vista noticioso. Hay opacidad informativa  y ese hueco que quedó en las tardes, producto de la salida del aire de Aló Ciudadano de Globovisión, y de que muchos otros medios han censurado sus espacios, creó la necesidad de contar con un referente informativo en las tardes en RCR. Por eso pusimos al aire Conexión 750, pero creo que esto es puntual . Mi relación con el espacio podría modificarse porque tengo que hacer otras actividades.

El target de sus programas no se limita a los habitantes de los barrios. Ha logrado trascender, ir más allá. ¿Cómo hizo?

—Nosotros hicimos un crossovera nivel de audiencia. La gente quiere estar informada y tiene opciones limitadas para hacerlo. Logramos despertar el interés de esas personas. Cuando los programas se transmitían en Globovisión el ratingalcanzado revelaba que nuestra audiencia era muy superior a la de todos los programas de todos los canales del gobierno juntos a esas franjas horarias. Nos veía toda la oposición y  buena parte del chavismo, lo cual me obligaba a mi a ser respetuoso con ese televidente. Quien me veía y ahora me escucha sabe que le voy a dar información que posiblemente no le agrade, pero es información, no propaganda, y esa persona lo que está buscando es información.

¿Tiene anunciantes?

—No tenemos anunciantes. Tuvimos uno en radio, hace mucho tiempo, y uno en TV. A ambos les fue muy bien con nosotros, pero la relación terminó. Pudiera tratarse del formato del programa, que es de servicio público. Pareciera que eso no ayuda a vender.

¿Cómo está la audiencia de RCR?

—No hay mediciones oficiales, pero sin duda el porcentaje de oyentes de la radio se incrementó a partir de lo que sucedió con Globovisión. De repente, medio país no tuvo dónde buscar la oferta informativa a la que estaba acostumbrado y se volcó a RCR.  Hay otras radios donde colegas hacen trabajo valioso, pero son chispazos. La información y la opinión en el resto de las emisoras no es lo más destacado.

Siendo apreciado y valorado por opositores y oficialistas, ¿cómo maneja la popularidad?

—Le doy gracias a Dios porque este momento profesional me llegó a estas alturas de mi vida. Si yo tuviera 25 años tal vez no lo hubiera metabolizado de forma afortunada, pero ahora tengo clarito que yo no soy una estrellita de TV, soy esencialmente un servidor público. Creer que popularidad es igual a importancia es resbalarse por los toboganes del ego inflado, es perder de vista en primer lugar quién es uno mismo, y en segundo lugar en qué momento está. Sería criminalmente irresponsable no entender que en una etapa como la que estamos viviendo uno tiene que ser muy meticuloso en el ejercicio de esa responsabilidad.

¿Cómo enfrenta las tentaciones políticas?

—Cuando arranqué con eso mucha gente decía que yo quería un cargo público; recibí ofertas, vinieron las elecciones de alcaldes, las parlamentarias. A todo dije: “muchas gracias, pero el cargo que a mi me interesa ya lo estoy ejerciendo”. Y eso no va a cambiar, a estas alturas no.

¿Pero no sería más fácil hacer servicio público desde una alcaldía o una gobernación, con recursos, gente, asesores?

—El asunto es tener claro cuál es el propósito que uno tiene. El mío no es solo que el hueco que está en la calle sea tapado o que el policía que está chateando en horario de servicio deje esa conducta. Mi aspiración es la construcción de ciudadanía.

Muchos dicen que en el país hay un problema de liderazgo, ¿qué cree usted?

—Es verdad, pero también tenemos un problema de “seguidazgo” (sic), seguimos a cuanta cosa se nos atraviesa en el camino, a un militar golpista que hablaba de manera retumbante, a una Miss Universo que se conmovía y quería ser alcaldesa. ¿Por qué? Esencialmente porque tenemos baja autoestima como pueblo y por eso no nos extraña poner en posiciones de liderazgo a cualquier cosa.

¿Y cómo se eleva la autoestima?

—Con la constucción de ciudadanía. No es una fórmula ni una receta, es un proyecto que implica educación. Nadie defiende los derechos que no sabe que tiene, luego viene la organización, porque si tú te organizas eres más eficiente en ese ejercicio y defensa de derechos, y en tercer lugar la movilización.  Todo eso es el proceso de construcción de ciudadanía y esa sí es mi área, eso es lo que hago y quiero hacer, a lo que le he dedicado muchos años de mi vida y en eso me veo. Además me resulta tremendamente placentero. Yo estaba muy chiquito cuando me di cuenta de que yo era Torrealba Rodríguez y no Mendoza o Zuloaga. Supe pronto que yo tenía que trabajar toda mi vida y entonces me dije: déjame hacerlo en aquello que además me produzca placer.

¿Cómo es la pobreza en Venezuela?

—Aquí la pobreza es singular. El pobre se levanta y piensa en cómo va a hacer para comprarse la 4×4 que se quiere comprar, porque tiene un imaginario de clase media, quiere tener acceso a los bienes de consumo y culturales que caracterizan el standardde vida de la clase media, quiere ser clase media, no quiere seguir siendo pobre y eso es un antídoto contra el comunismo. Ese aspiracional es clave para que ciertas ofertas de modelos autoritarios sean rechazadas.

¿El venezolano es clasista?

—Las raíces de la clase media están muy cerca del barrio. En este país hay 10 ó 12 apellidos que no tienen a sus padres o abuelos viviendo en el barrio. De resto todo el mundo los tiene. Eso es un dato positivo porque el nexo entre la clase media y los sectores populares es consanguíneo, que se manifiesta de una manera bellísima, por ejemplo, en época de elecciones. Tú ves la cantidad de carros de gente que vive en el este pero que va a votar a La Pastora, Caricuao porque no se mudaron de centro de votación, porque es una oportunidad, un pretexto para volver al sitio de origen, visitar a la familia y los amigos del viejo barrio. Eso es bueno, pero también tiene un lado malo, y es que, como tienes tan cerca la condición de la que vienes entonces niegas aquello porque te concentras en el lugar al que quieres ir. Eso ocurría incluso de manera ofensiva. Recuerdo en los años 80 la utilización de las palabras tierrúoo cerrícolapara designar a las personas que vivían en un barrio. Y resulta que 7 de cada 10 venezolanos viven en un espacio deprimido y segregado. La pobreza en este país es mayoritaria. La pobreza no es un nicho del mercado, es el mercado.

La situación que describe fue el caldo de cultivo que permitió a Hugo Chávez acentuar diferencias entre los venezolanos.

—Esa realidad ha sido utilizada de manera inmoral y antiética. Emplear el resentimiento como gasolina para un proyecto político es absolutamente detestable, pero de que existía, existía.

¿A qué le tiene miedo?

—Al conformismo que te conduce a la mediocridad.

¿Ha tenido algún episodio desagradable en un barrio?

—Esta pregunta me permite desmantelar las supuestas leyendas de heroismo que rodean lo que hago. El sitio donde yo estoy más cuidado, mimado y protegido es el barrio donde estoy trabajando. Nuestro protocolo de seguridad tiene dos partes muy sencillas: la primera, la divina providencia; estamos en manos de Dios. La segunda es que vamos (El Radar de los barrios)a donde nos invitan. Quienes lo hacen nos suben, nos bajan, nos dan de comer.

¿Qué proyectos tiene para el futuro inmediato?

—Está pendiente la puesta en marcha de la agencia comunitaria de noticias El Radar delos barrios.Cuando salimos de Globovisión nos preguntamos cuál sería el próximo paso. Detectamos que había cambiado de manera importante la capilaridad informativa de la sociedad venezolana. La gente se informa ahora a través de las redes y corrobora en medios que le merecen alguna confianza.  El Radar de los barriosserá una agencia digital. Este año con seguridad estará lista. Otro proyecto tiene que ver con la construcción de un espacio de formación para dirigentes y activistas comunitarios, donde la comunicación sea horizontal para compartir conocimientos. El espacio será virtual y democrático.

Chúo en síntesis 

• Escucha desde música académica (Beethoven) hasta rock en español (Soda Stereo), pasando por la salsa en todas sus expresiones y el jazz latino

• Le encanta cocinar y preparar cocteles. Su platillo favorito es el pasticho de berenjena

• Leer le resulta placentero. Maquiavelo es uno de sus autores predilectos

• Es magallanero y en el fútbol se inclina por el Barcelona

• Como buen Tauro se confiesa llorón

Tamara Slusnys

tslusnys@producto.com.ve

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